— Carlos Talaga – cinema interactivo, artes digitales

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Freak
El pene de bea

Por Carlos Talaga
Ilustración Mario Magaña

Apoyados los hombros en el marco de la puerta que en la casa de Miguel separa la luz del salón de la oscuridad, me encontré de pronto hablando con Bea.
Han de saber que Bea me gusta mucho, es como si un ser nefasto se hubiera impersonado de manera indolora en una mujer, y aunque con sus pelos gruesos rompe la blanca piel de la poseída esta resulta fatalmente hermosa y femenina.

Me voy a operar me dice, pero hablando al vacío, los ojos quietos , el vaso de plástico vacío. Será un pene cosido a mí, y dispuesto de tal manera que pueda penetrarme a mí misma.
– Ah! que interesante, le digo, y tengo un deja vú*, o un intento de orden como diría Leibnitz.
-Sí, continúa Bea, creo que lo buscaría en esas laminitas de jugadores de béisbol, me serviría el de uno de esos negros yanquis, -suspira- imagino que siempre me han gustado…

Y apoyados los hombros en el vano de la puerta que en este lugar separa la luz de la oscuridad me doy cuenta que voy a besar a Bea.

——

Notas para la ilustración:

* El deja vú está referido a un juego de tiempo donde siento que Bea ya ha estado allí, en un borde similar al de luz y oscuridad en el marco de la puerta, diciendo algo al vacío, y que realmente al hablar no me habla a mí que estoy a su lado, sino al que era yo antes y que está perdido en la oscuridad frente a ella, lejos, donde no puede verme y donde puedo ser su confidente… y no se si la oscuridad es algo físico que está más allá del salón, o si la oscuridad está en la misma Bea y que yo, que soy un demonio de pelos gruesos, estoy siendo testigo de sus pensamientos.

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Because I know that time is always time
And place is always and only place
And what is actual is actual only for one time
And only for one place
T.S. Eliot

Te beso, labios delgados, una lengua dulce y fuerte que penetra hasta mi garganta, cierro los dedos en tu cabello y al tenerte apretada contra mi pecho siento que no eres nada y te separo bruscamente buscando tus ojos – me miras entre risueña y asustada… – voy por unos tragos, murmullo, y atravieso la terraza. Muchas personas conocidas con las que nunca he hablado, un dj está destripando la base rítmica de canción animal, las sensaciones sonoras me hacen perder el camino, estoy detenido y a la vez avanzando en un giro de mis pasos, explotando con las yemas de los dedos objetos que flotan y se multiplican suavemente en el aire.

Una voz, un cuerpo que me roza, hay personas bailando a mi alrededor, muy cerca está la negra ladera de los cerros, algunos suben las escaleras a la piscina, yo me acerco al borde del piso 13, es Santa Mónica, Cali me ilumina en plano Nuremberg, entre las copas de los árboles está la tortuga, tortuga piernas abiertas, tortuga olor a mierda, tortuga sexo con banda sonora gritos, ladridos, risas, canción animal, tortuga que te trae de nuevo a mi mente, estás de pie, atravesada por las miradas de los buitres alcoholizados que buscan tu cuello, tus labios, tu culo.

¿Porqué te encuentro en lugares donde nunca has ocurrido, al otro lado de ese océano donde se pierden mis barcos? Con los vasos plásticos en la mano camino hacia vos, estás hablando con una pareja y no se qué decir porque no me los presentás –el apartamento es especialmente ruidoso el sábado en la madrugada, miras atrás de mí –oye que bonita casa, cómo has estado?, sonríes. Él se acerca, es el anfitrión, te besa y me da la mano –La alfombra es… digo, y su rostro se vuelve la huella de un animal, las caras desaparecen y me estremece el ruido de las aguas subterráneas escurriéndose entre las grietas, sé que un cristal me sostiene para no derrumbarme y en el reflejo floto tranquilo sobre los cuerpos que estallan… y ahora no se quién soy…¿quién soy?… si este es mi mundo y me ha costado tanto encontrarlo, cómo podré llegar hasta el tuyo?

Carlos Tálaga

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